Ellas me recibieron sentadas en una bella mesa de madera tropical, desnudas del torso, al lado de sus maridos, listas para negociar la comercialización de sus artesanías producidas en la Costa Chica de Oaxaca. Una experiencia impactante para un norteño que fue contratado, en los noventas, como Secretario de Economía de ese maravilloso estado, con la idea de que en el norte, sí sabemos de industria y comercio. Pero los muchos Oaxacas me enseñaron más de lo poco que yo pude contribuirles. Y hablo de “los muchos” porque en términos de culturas no hay un solo Oaxaca, sino varias regiones que, aunque integradas territorialmente, responden a diversos usos y costumbres, sistemas de producción y modos de administración político.
En cada una de las siete regiones de Oaxaca la mujer cumple con un rol social, económico y político diametralmente diferente.
En el Istmo de Tehuantepec el posicionamiento del genero femenino es confundido por algunos como un matriarcado, aunque en realidad la mujer y el hombre interaccionan en un sistema económico-político de contribución y colaboración. Lo que podemos decir es que en localidades como Juchitán, conocida por algunos como “la ciudad de las mujeres” estas son altivas, orgullosas, dueñas de sus propios espacios, definitorias de la vida productiva local. Una imagen contrastante y poco común, no solo en Oaxaca sino todavía en muchos lugares de México y del mundo, donde el trabajo doméstico carece de valor y la equidad entre géneros está lejos de alcanzarse.
Ojala ustedes tengan la oportunidad de conocer Juchitán. “La Ciudad de las mujeres”, pero también la tierra del pintor universal Toledo y del escritor Andrés Henestrosa, el autor de “Los hombres que dispersó la danza”.
Juchitán es impactante para un individuo, como un servidor, proveniente de una zona industrializada, inmersa en una economía de consumo, y un sistema de vida altamente competitivo e individualista. Es impactante porque pocos esperan que en una de las entidades marginadas del país encontremos el ejemplo de generosidad, reciprocidad, tolerancia y solidaridad entre géneros al que aspiramos alcanzar en sociedades supuestamente avanzadas. Pero donde la discriminación y la violencia contra la mujer es un hecho cotidiano.
Un cordial saludo a las mujeres que enriquecen mi vida.




