No lograremos una economía competitiva mientras la productividad laboral sea rehén de un sindicalismo corporativo y patrimonialista.
No podemos desconocer la participación del sindicalismo en la construcción de un México más justo en materia laboral y social. Gracias a la lucha y al sacrificio de muchos lideres de los movimientos obreros, acaecidos en la historia de nuestra joven nación, las y los trabajadores que chambean en el mercado formal gozan de salarios, prestaciones, pensiones, condiciones de seguridad e higiene y respeto a sus derechos humanos que, en relación a otras economías emergentes, pueden considerarse, si no inmejorables, sí aceptables. Es decir, no podemos entender al México moderno sin tomar en cuenta la lucha sindical. Pero, paradojalmente, tampoco podemos proyectar la inclusión de México a la lista de las economías más competitivas del mundo, sin suponer la necesidad de desmantelar al sindicalismo corporativo, dispendioso de los recursos de sus agremiados, antidemocrático, autoritario y opaco en la toma de decisiones.
Nunca lograremos un desarrollo equitativo, soberano y pujante mientras la competitividad siga siendo rehén de un sindicalismo utilitario a las clases políticas, a las castas privilegiadas, propiedad de líderes mesiánicos que han degenerado a los gremios laborales en longevos cotos de poder. Cotos que hermanan perfectamente con los gobiernos en turno a cambio de recursos públicos, de canonjías fiscales y de un sin número de prebendas.
Líderes como Martín Esparza que, lejos de defender el bienestar de los afiliados al SME, velan por sus intereses multimillonarios y por la permanencia de su poder fáctico.
Es conocido que ese tipo es “El Dueño”, entre otras muchas cosas, del Rancho los Encinos, situado en el Camino Real a Tlahuelilpan donde cuenta con caballerizas y un criadero de gallos. El estilo de vida de “El dueño” no se explica con un salario de 350 pesos diarios, ni con su expediente laboral que inició siendo él un humilde operador de una camioneta.
Es un hecho que la desesperada y tramposa lucha de Esparza y las chantajistas presiones que ejerce ante las autoridades federales tienen, como principal objetivo, evitar que el patrimonio del SME se reparta entre sus agremiados perdiendo el control de las abultadas cuentas bancarias y de 22 inmuebles con un valor comercial cercano a los 31 mil millones de pesos.
Desgraciadamente la historia de Martín Esparza es un común denominador en el sindicalismo mexicano, porque si algo caracteriza a los señoríos laborales es el dinero, el poder y el nepotismo.
Felipe Calderón se fajó los pantalones y extinguió a LyFC. El tata mandón de Los Pinos debe fajárselos otra vez y poner en su lugar, la cárcel, a un Martín Esparza que ahora se atreve a chantajear, a amenazar con tomar el Aeropuerto de la Ciudad de México.
“El Dueño” del SME
Comentarios
Guillermo Velázquez.:julio 29, 2010 06:37 p.m.
Eduardo: Mucha gente (yo entre ellos) coincidimos con tu opinión. Desgraciadamente el sindicalismo mexicano (creado por Morones y mejorado por Fidel y otras lacras) está incrustado en el gobierno al grado que controlan la producción y productividad de México. Las intenciones de Fox y calderon fueron buenas pero, se toparon con el sindicalismo y un pri corrupto que aún lo utiliza para control y amenaza con regresar. Si nuestro pueblo tuviera educación, otra sería nuestra situación. Nos han rebasado paises como Chile, España, Korea, etc que estaban muy por abajo de nuestro nivel económico, porque ellos no tienen nuestros problemas, que son de un sindicalismo amañado con el poder. A elba esther por supuesto que no le interesa la educación del pueblo, porque si despierta la tumban del poder. Pobre de nuestro México.
Julio Félix:julio 29, 2010 01:05 p.m.
Eduardo como siempre, al menos hasta el día de hoy, estoy de acuerdo con lo que publicas hoyen tu columna BIZHUNTER, solo me permito recordarte, con preocupación, que al parecer hoy en estos días, modificando una frase popular, "El que avanza, es el que transa"


