Gómez Palacio es para Durango lo que Torreón para Coahuila: la principal fuente de ingresos y sufragios, después de la capital. Políticamente, son también las más críticas. Sin embargo, mientras a la primera la gobierna el PRI desde 1929, la segunda conoce la alternancia desde 1997, cuando el PAN asumió el poder con Jorge Zermeño. Guillermo Anaya y José Ángel Pérez le siguieron después de una elección intermedia. En contraste con su vecina coahuilense, Gómez Palacio (nombre que debe a uno de los pocos gobernadores ilustres del Estado: don Francisco lo fue en 1867-68 y en 1880-83) no ha instalado a ninguno de los suyos en el Palacio de Zambrano.
A diferencia de Coahuila, donde el PRI recuperó Torreón el año pasado —y si las elecciones para gobernador fueran hoy también las ganaría—, Gómez Palacio y Durango están a un paso de la alternancia. Así lo reconoce el ex gobernador y líder cetemista José Ramírez, cuando amenaza a los trabajadores afiliados a esa central decadente a votar por el PRI o atenerse a las consecuencias. Ignorante. El sobrino de Fidel Velázquez cree que vive en los años sesenta o setenta del siglo pasado cuando el autoritarismo era la divisa del sistema y el voto obrero entraba a las urnas en paquete.
Magnífica oportunidad tiene el sindicalismo de Durango de cobrar, a sus líderes, viejos agravios. Y la sociedad, con su voto, de repudiar a quienes, en los últimos sexenios, provocaron la ruina social, económica, moral y política de un Estado que merece mejor futuro. José Ramírez, quien gobernó entre 1987 y 1992, es uno de ellos. Corto de miras, su administración fue una de las más apocadas y pugnaces. Una tarde le atendí, como candidato, en la dirección de “Noticias”. —¿Además de José, cómo le llaman? —ironicé. —“Pajarito” —gorjeó. Todo estaba dicho.
Bien, pues esa avecilla canora, en apariencia inofensiva, acaba de sacar las uñas y el pico afilado para lanzar un dicterio a los obreros que, imaginó, los toma por autómatas y pusilánimes: “pobre de aquel que no vote por el PRI, voy a tener gente que vigilará y sabremos por quién y cómo votaron”. (“La Opinión Milenio”, 3-3-10.) Pero ¡oh sorpresa! El buitre mudó enseguida en la paloma del Espíritu Santo: “yo soy el responsable de conducirlos a ustedes (¿obreros?, ¿gente?, ¿mundo?) por el camino que tiene que ser del bien”. ¡Ni López Obrador en sus momentos de éxtasis!
En los comicios federales de 1979, después de recorrer varias casillas, me encontré a Mariano López Mercado, candidato del PRI a diputado. “¿Cómo ve las cosas?”, preguntó. “Muy apretadas”, maticé. “No importa, en Jacarandas (colonia obrera populosa y una de las primeras financiadas por el Infonavit) nos repondremos”. Cosa curiosa, fue allí donde el panista Juan Antonio García Villa ganó la elección. La alianza PAN-PRD-Convergencia tiene ya un pie en el Gobierno de Durango. Y en la alcaldía de Gómez Palacio ni que decir tiene. El gobernador Ismael Hernández, con tal de evitar que un lagunero o lagunera le sucedan, prefiere rendir la plaza. El PRI, en esa parte también caótica del “triángulo dorado”, está perdido inexorablemente.


