Daniel Bolaños

Chinaco Insurgente

Por Daniel Bolaños
Impresion Publicado el 18 de febrero 2010

   Se llamaba Albino García y era un auténtico chinaco*. Los vecinos del Valle de Santiago de la jurisdicción de Salamanca, Guanajuato, le apodaban “El Manco García” porque tenía el brazo izquierdo inutilizado a causa de un accidente de caballo que lo derribó cuando era niño. Inseparable siempre de su fiel esposa, acostumbraba recorrer las rancherías montado en su “Cabro”, un veloz caballo negro retinto que lo acompañó hasta el final de su vida.
   Tenía por armas la lanza y la reata que utilizaba  de manera mortífera contra sus adversarios los realistas. Perteneció al pueblo llano y como muchos de su clase, recurrentemente padeció agravios y abusos de los españoles peninsulares. Cuando estalló la guerra de Independencia acudió con sus hombres a la Villa de Salamanca al encuentro del cura Hidalgo para ofrecer sus servicios a la causa insurgente. El 23 de septiembre de 1810, Albino García, su hermano Pedro y Andrés Delgado “EL Giro”, recibieron la encomienda de abrir otro frente de batalla por toda la región del Bajío.
   Con gran destreza ejecutaba las artes de lo que hoy se denomina la charrería mexicana. Era “el más diestro y respetado de la región, experto en la doma de los brutos, en la crianza de las caballadas de las haciendas y en el arriende de los finos de sangre de los patrones. Con la reata nadie como él”. (“El Valle de Santiago en la Guerra de Independencia: La campaña de Albino García”, Benjamín Lara González. Archivo General del Gobierno del Estado de Guanajuato, México 2003, pag. 51)
   Durante cierto tiempo se dedicó a recorrer los caseríos del Bajío contrabandeando pólvora y tabaco, cuestión que le permitió conocer a la perfección el terreno que pisaba, los caminos por donde andaba y  gracias a que contaba con el apoyo de las comunidades rurales que lo abastecían de alimento, caballos, armas y pertrechos militares,  formó un ejército de “sorprendente fuerza y movilidad”, integrado por más de mil jinetes bien armados con lanzas y fusiles que mantuvieron en constante jaque a las fuerzas  realistas comandadas por el joven y cruel Agustín de Iturbide.
   Se incorporó a la insurgencia por razones distintas a las esgrimidas por los criollos de la época. Nunca participó en las famosas reuniones secretas que los conjurados celebraban en el Bajío desde 1908, como tampoco conocía los argumentos jurídicos, políticos e ideológicos de las capas intelectuales que aspiraban a la Independencia. No reconocía mayor autoridad que la suya propia y la del cura Hidalgo.
   El historiador y político conservador más importante de la primera mitad del siglo XIX, Lucas Alamán decía: “El que daba más que hacer a Calleja, era Albino García: guerrillero infatigable, se presentaba de improviso donde menos se le esperaba; derrotado en un punto y cuando se le creía destruido, aparecía en otro que había señalado para reunir a sus compañeros dispersos; atacaba los convoyes, cortaba las comunicaciones y espiaba por sus confidentes la oportunidad de caer sobre alguna población indefensa o desprevenida”. (“Historia de Méjico”, Lucas Alamán. Ed. Gobierno del Estado de Guanajuato, México 1989, pag. 163)
   Desde inicios de la guerra de Independencia hasta su captura y ejecución en junio de 1812, se convirtió en “el guerrillero más activo y temible que produjo la insurrección” en la región del Bajío. Albino era iletrado, pero muy sagaz y poseía –nos dice Lucas Alamán- aquel tacto militar que solo da la naturaleza”. En el campo de batalla comprendía perfectamente las maniobras y movimientos militares de los realistas Iturbide y García Conde que lo combatieron tenazmente, pues sabía “desconcentrarlos con un tino que honraría a un consumado general”. (ibíd. Pag. 165)
   El propio Lucas Alamán explica que fue en Salamanca donde Hidalgo y Allende, pusieron en práctica el plan de extender la guerra por otros lugares para obligar al ejército virreinal a ampliar sus acciones y evitar de ese modo los ataques concentrados a la numerosa columna de insurgentes que se disponía a tomar por asalto la rica ciudad minera de Guanajuato. Por esta razón, Albino no participó en la toma de la Alhóndiga de Granaditas, pues el 26 de septiembre regresó al Valle de Santiago, donde contaba con amplio apoyo entre la población de las haciendas y rancherías y de donde reclutaría  adeptos para formar su ejército de puro chinaco.
   La primera acción insurgente de Albino García, data del año de 1811 con el ataque a la hacienda de Quiriceo, Pénjamo; pero su muerte en junio 8 de 1812, debilitó la eficacia de la causa insurgente en las zonas controladas por las fuerzas realistas. Sitio, tomo y saqueo la ciudad de Guanajuato, lo mismo hizo en las poblaciones de Dolores, San Miguel, San Felipe y Pénjamo; atacó sin cuartel Aguascalientes, Lagos de Moreno y constantemente hostigó Irapuato, León, Salvatierra y Celaya. Los realistas, como consecuencia de una traición, lo atacaron por sorpresa en Salvatierra.  Albino de 38 años, fue hecho prisionero y junto con su hermano Pedro, fusilado en la ciudad de Celaya.
   Agustín de Iturbide, que se comportó de manera cruenta e inmisericorde, enviaría más tarde la parte de guerra a sus superiores: “No puedo formar un cálculo exacto de los que murieron, porque como estaban en diversas casas, calles y plazas, es muy difícil; pero creo llegarán, y tal vez excederán más de trescientos, con inclusión de más de ciento cincuenta que mandé pasar por las armas…”. (Tomado de “El Valle de Santiago en la Guerra de Independencia: La campaña de Albino García”, Benjamín Lara González. Archivo General del Gobierno del Estado de Guanajuato, México, 2003; pag. 58)

*El apelativo chinaco se aplicaba a los trabajadores mestizos o indígenas que se ocupaban como caporales o jinetes en las estancias y haciendas coloniales. Representaban una especie de trabajadores “especializados” y se distinguían por su indumentaria, que consistía en una chaqueta corta, camisa y pantalón de manta cubierto por otro pantalón de cuero que se abrochaba por los lados extremos; botas también de cuero, un sarape que llevaban al hombro, sombrero, una faja ceñida a la cintura y el emblemático pañuelo o paliacate anudado sobre la cabeza.

El contenido y la ortografía de este articulo es responsabilidad del autor.
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Comentarios

Emiliano:febrero 26, 2010 08:54 p.m.
Retomado la interesante lectura que nos ofreces...interesante la perspectiva alejada de los grandes personajes de la guerra de independencia, ahodando en aquellos que la sustentaron fuertemente en el dia dia