Clara Scherer

Veintiún años

Por Clara Scherer
Impresion Publicado el 08 de marzo 2010

“Nada te turbe; nada te espante; Todo se pasa”, dice santa Teresa, la mujer que elevó su voz para ser, como indica su nombre, “Cultivadora” de las virtudes y “cazadora” de almas “para llevarlas al cielo”. Otra mujer, de nombre también Teresa, tendrá que hacer, de los versos de la santa, una regla de vida por los siguientes 21 años, porque no irá a ningún paraíso, sino a la cárcel.

Alberta Giménez, hija ilustre de Palma de Mallorca, quien también hace honor a su nombre, brillante, famosa por la nobleza, fue una monja que levantó el Real Colegio de la Pureza, dedicado a la formación de maestras, en donde “se promueve la formación integral de la persona, ayudando a descubrir su dignidad y a desarrollar en plenitud su vocación”.

Qué pena que otra mujer, de nombre también Alberta, no haya tenido la oportunidad de ir a una escuela y, por los próximos 21 años, tendrá que aprender, en la soledad, a defender la dignidad de su vida, también en la cárcel.

El más que merecidamente reconocido mexicano Carlos Montemayor, en todos los foros que tuvo a su alcance, habló sobre la relación que tiene México con sus comunidades indígenas y acerca de la reflexión que debe hacer la sociedad en torno a la persecución, la humillación, la explotación y el abandono en que viven esos pueblos.

En una entrevista, afirmó: “En realidad, nunca ha habido respeto ni interés por programas especiales en apoyo de los pueblos indígenas. México es un país muy racista, con una gran discriminación racial, México se avergüenza de su legado indígena, siempre busca un acomodo racial diferente y es una fractura que no ha resuelto el país, así de simple, de manera que la historia de los pueblos indígenas en México es una historia de despojo, de injusticia, de masacres, de marginación”. (Vanguardia, 13 de octubre de 2009)

Alberta y Teresa, sentenciadas a 21 años de cárcel por el tremendamente absurdo delito de “secuestro de seis agentes de la AFI”, son un testimonio vivo que refrenda las sabias palabras de mi muy querido y estimado Carlos Montemayor, cuya muerte me deja desamparo en el alma.

“Ayer amanecimos un poco más tristes”, como dijo Mardonio Carballo, por la muerte de este gran hombre, defensor con lúcidas razones y argumentos contundentes, conocimiento profundo y amor verdadero, de las causas de los indígenas. Pilar fundamental para la concordia entre mexicanos.

“Ayer amanecimos un mucho más agraviados” por la injusticia contra estas dos mujeres de la etnia ñañu, Alberta Alcántara y Teresa González, por la sentencia dictada contra ellas por el juez Rodolfo Pedraza Longi, en Santiago Mexquititlán, “lugar de mezquites” —uno de los pueblos más antiguos de Mesoamérica—, del municipio de Amealco de Bonfil, en el estado de Querétaro.

Hoy, nos sumamos a la defensa de estas mujeres, en ese estado, donde dicen que, desde que es gobernado con orden, honradez y ornato por las autoridades panistas, los otomíes no encuentran en qué parte de “ese orden” tienen un lugar; donde “esa honradez” no coincide con la verdad y donde el “ornato” consiste en borrar cualquier manifestación ñañu de su tierra.

 

El contenido y la ortografía de este articulo es responsabilidad del autor.
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