Para Franco, que a pesar de no haber tomado el Ritalin y de algunas "poseedoras de la gran sabiduría" terminó su bachillerato. Logrando además encontrar en lo que se volvió un arduo camino, cosas maravillosas.
Cuando vemos a nuestro alrededor tanta violencia nos preguntamos ¿por qué?
Y creo que la forma más segura de volvernos hacia el análisis y la reflexión es buscando en el origen del desarrollo de las personas. Si las nuevas generaciones se han vuelto violentas tendremos que estudiar que estamos haciendo mal ¿o no?
Actualmente un modo de violentar tremendamente tiene que ver con el tratamiento que a partir de una “clasificación” encontramos y comprendemos la patología que sella y define a un niño. Cuando la manera de contenerlo es a través de una ”pastilla mágica”. La aplicación masiva del diagnóstico médico de “Trastorno por déficit de atención e hiperactividad” es un foco rojo.
Padres y maestros desbordados, desesperados, superados por las manifestaciones de los niños, se tranquilizan con este diagnóstico y medicación que oculta esos síntomas tan incontrolables.
En el aula, el niño obstaculiza el ritmo de las clases, no atiende, está en constante movimiento y le es imposible respetar los límites, siendo sus conductas motivo de demanda por parte de la institución escolar.
Por si fuera poco, a estos trastornos en el aprendizaje y la conducta lo acompañan otras manifestaciones como baja tolerancia a la frustración y autoestima, dificultad para manejarse entre sus compañeros, en algunos casos conductas agresivas y desafiantes, imposibilidad de aceptar las normas propuestas por el adulto.
¿Es un síntoma de nuestra sociedad actual?
La sociedad nos impone como ideales el éxito, la rapidez y la competencia. La satisfacción de las necesidades debe ser respondida de forma inmediata, no hay lugar para la espera.
¿Qué nos están tratando de decir con este síntoma algunos niños? ¿Es un llamado de “atención”? ¿Hacia quién va dirigido?
La mayoría de los especialistas, sostienen que este trastorno se transmite genéticamente y que su causa puede ser la falta de balance en la producción de dos neurotransmisores: la Dopamina y Noradrenalina. De esta manera esta “enfermedad” se encontraría delimitada dentro del campo de la medicina y el problema se alojaría en el niño, foco de la mirada médica. La “cura” es a través del consumo de Ritalina, droga muy utilizada (y muy cara) y dan por hecho que es la única solución posible. Aunado a la necesidad que tienen los padres y maestros de encontrar “afuera” -la solución-. “La pastilla mágica” que tranquiliza, desaparece el síntoma y calma la angustia (de los padres y docentes). El niño solamente tiene que tomarla y no hará falta que hable, juegue o relate su padecer. No hay posibilidad de interrogar al síntoma.
¿Cómo se siente este niño? ¿Qué cuenta él de lo que le sucede? ¿Cuál es su historia?
Pero ¿Hay quién los interrogue? ¿Hay quien escuche su sufrimiento? El sujeto aparece borrado desde el discurso del Otro (Institución, docentes, etc.) Pocas veces se tienen en cuenta los aspectos subjetivos, su propia versión sobre lo que le sucede.
Cuando un sujeto habla de lo que le pasa, no es escuchado solamente por el otro, sino también por sí mismo. De esta manera ese niño, como sujeto deseante, en tanto hablante, podrá descubrir el sentido que tienen para él sus síntomas que aparecen como sustituto de algo que no ha podido ser dicho. Detrás de los síntomas de un niño solemos encontrar una problemática familiar a la que también hay que dar posibilidad de escucha, pues el síntoma del niño también responde a la estructura familiar.
¿Y en la escuela?
La escuela es un espacio donde aparecen nuevas reglas y demandas del Otro. Son niños que desbordan los bordes que tanto la familia como la escuela no pueden sostener. Mientras tanto, la institución mantiene antiguas prácticas de acercamiento al conocimiento donde no toma en cuenta las necesidades actuales de los niños y los docentes aseguran no estar preparados para “atender” a estos niños, ni para “tender hacia” ellos, puentes, que los provean de significación.
El ADHD (por sus siglas en inglés) ¿Es definitivamente un déficit de atención o es un déficit de atención que se manifiesta en la escuela? ¿Por qué no pueden con la escuela? Si a estos niños en otro ambiente donde se sienten a gusto, seguros, libres, pueden atender perfectamente a estímulos que despiertan su interés como juegos y actividades que se les presenten o como dicen los psicólogos “se les transfieran” de manera adecuada.
En nuestras escuelas no se promueve el deseo de aprender, se le exige al alumno que mantenga durante mucho tiempo su atención al discurso del maestro, poseedor del saber: prevalece el “siéntate, cállate, escúchame”, ahí no hay espacio para la creatividad, ni el diálogo solo para la reproducción e imitación y para cumplir con el oficio del buen alumno.
Cuando mi hijo me pidió que lo ayudara a preparase para su examen de filosofía porque se sentía perdido, nos pusimos primero a investigar y analizar a los grandes filósofos de todos los tiempos, discutimos, comparamos, leímos .Su comentario fue: “con que esto es filosofía” yo me quede pasmada pensando que no era posible que después de meses de tener al frente a una maestra de filosofía, mi hijo no había podido descubrir la belleza y la grandeza de esta materia.
Los niños con déficit de atención, hoy en día muchos tienen esta etiqueta, no responden a la demanda de atención del Otro pero sí demandan su atención llamando al Otro a través de un cuerpo que se muestra en permanente movimiento. El docente debe procurarle “un lugar” y un espacio desde la mirada y la escucha para favorecer los procesos de enseñanza- aprendizaje. Estos pequeños sujetos no pueden encontrar un lugar en el mundo, y la escuela no lo puede sostener, pues tampoco está sostenida por el resto de la red. Y lo más frustrante es que generalmente son niños con un nivel intelectual alto, son bondadosos y sensibles pero se encuentran solos.
Creo que nos hace falta humildad y nos sobra soberbia, nos están faltando ganas para hacer las cosas bien, recursos y herramientas hay.
BIBLIOGRAFIA
Néstor A. Braunstein, A medio siglo de el malestar en la cultura de Sigmund Freud, Siglo XXI, 1981
Janin, Beatriz (2007)” Niños desatentos e hiperactivos. ADD/ADHD”. Ediciones Novedades educativas de México
Risueño, Alicia.(2006) Mitos y realidades del Síndrome Atencional con Hiperactividad , Argentina, Bonum


