Según nota periodística aparecida la semana pasada en los diarios nacionales y algunos de provincia, Felipe Calderón en una gira reciente por Baja California, reconoció la calidad de los vinos de la región y se comprometió a promocionar sus cualidades en las comidas que se sirven en Los Pinos.
Sin embargo, nada prometió con respecto a una reducción en los impuestos que tornan poco competitivos a los excelentes vinos mexicanos en su propio territorio. Contrariamente, se limitó a señalar que "la recaudación de vinos y licores proporciona a México, alrededor de 5 mil millones de pesos (cerca de 700 millones de dólares) y ahora es importante cuidar la salud de las finanzas públicas”.
El vino mexicano es de una calidad de excelencia, que puede competir en igualdad de condiciones, sobre todo las fiscales, con los mejores vinos del mundo. Nuestra producción se realiza en Baja California principalmente, como hemos comentado en otros artículos, y también en zonas tan distantes como Querétaro y Coahuila (en este Estado se encuentra Casa Madero, la más antigua bodega de América). La producción se encuentra atomizada entre pequeñas productoras tipo boutique que han logrado --gracias a un gran trabajo de enólogos locales-- la creación de vinos con características muy especiales que destacan un gusto particular y elegante.
La producción de vino local está castigada por los altos impuestos en producción y distribución y un muy alto costo primario debido a la escasez de agua. Esto y una total ausencia de promoción en el orden nacional, hizo que el mercado mexicano estuviera hasta ahora, en manos de los vinos importados.
Algo tenemos que hacer como país para desarrollar esta industria, y esos esfuerzos pueden darse desde la mesa presidencial, donde se ensalce el vino mexicano como algo que nos puede hacer sentir orgullosos de nuestro origen y de nuestra historia. No aguanto las ganas de leer mañana martes, la reseña de los comentaristas de la prensa y la televisión nacional (¿harán tal reseña?), respecto a qué vinos se sirvieron, en la cena de gala que Felipe Calderón y Margarita Zavala ofrecen a Nicolás Sarkozy y Karla Bruni, en Palacio Nacional. ¿Serán Vinos mexicanos solamente? o ¿se servirán vinos de los dos países?
Tal vez se sirva un vino blanco mexicano, quizás para el plato de entrada, un “Casa Grande Reserva Especial Chardonnay” de Casa Madero, elaborado con uvas varietales de origen francés, y con nombre de mártir de la patria, por el apellido bien arraigado de nuestro prócer revolucionario: Francisco I. Madero; y qué decir de un vino tinto mexicano como el “Único” de Santo Tomás, para el platillo principal, o tal vez un “Vino de Piedra”, de Casa de Piedra, del afamado enólogo Hugo D’Acosta . No sé, ya lo averiguaremos, pero esos vinos son lo que yo serviría, si en mí estuviera decidirlo.
Pero para corresponder con la cortesía y la reciprocidad y atender los cánones de la diplomacia, que tal si nuestro Presidente se anima y ordena se sirva con el postre, que pudiera ser, nieve de leche quemada o quesos franceses, un “Champagne Don Perignon”, o un “Chateau D’Yquem”, ambos estandartes y orgullo de Francia. Hagan sus apuestas y mándenme sus comentarios. ¡Salud!



