Patricia Vázquez

¿A QUÉ SABE EL VINO?

Por Patricia Vázquez
Impresion Publicado el 15 de marzo 2010

Poniéndole nombre a los sabores.

Para muchas personas el lenguaje del vino puede ser intimidante o incomprensible.  Se nos hace más fácil describir una gran variedad de sabores, en una inmensidad de platillos; sin embargo, cuando se trata del vino se nos complica,  porque la mayoría de nosotros no crecimos en un entorno relacionado con el vino y por lo tanto, es algo nuevo, que apenas hace unos años hemos empezado a conocer.

En mis artículos pasados, he abordado el tema del cuerpo y el aroma del vino, pero me falta platicarles  sobre el tema del sabor, lo que hago ahora con mucho interés.
Voy a tratar de explicar algunos de los términos más usados en la descripción del sabor del vino, mismos que no tienen nada que ver con las regiones de donde proviene el vino, o con las uvas utilizadas para su elaboración. 
Estos términos son: SECO/DULCE, AFRUTADO, ÁCIDO, TÁNICO, AMADERADO, entre otros.

SECO/DULCE: todos los vinos son técnicamente secos de origen, partiendo de la base de que la fermentación convierte el azúcar de las uvas maduras en alcohol. En el lenguaje de los expertos, “seco” se refiere a los  vinos que no tienen  azúcar residual, entendiendo por ésta, el azúcar que los fabricantes de vino deliberada e  intencionalmente dejan en el mismo,  para darle un sabor dulce.   Sin embargo, el término seco en el argot popular se utiliza como lo opuesto a dulce, lo que lleva a la gente a simplificar el asunto y decir: “este vino está seco” sólo porque su paladar no identifica algún sabor a fruta.   

Algunos de los vinos muy conocidos con azúcar residual son:
Ligeramente dulces: el blanco de Zinfandel o los Riesling alemanes.
Medianamente dulces: el vino italiano Moscato d´Asti o el Spatlese alemán.
Muy dulces: el Oporto de Portugal y el Sauternes de Francia.

Ahora bien, vuelvo a puntualizar: la palabra SECO, para la mayoría de nosotros, expresa o se refiere al hecho de que el sabor del vino no es dulce.  El sabor dulce se detecta en la punta de la lengua, y  cuando no lo sentimos, le damos el adjetivo de SECO.

AFRUTADO: cuando decimos que un vino es o está afrutado, nos referimos a que sobresale el sabor a frutas.  Lo cual, desde mi punto de vista, y sabiendo que el vino proviene de la uva, es lo que todos debemos esperar encontrar en un vino, porque si no, pues cuál sería el punto.  Sin embargo, cuando decidimos llamarlo afrutado, se refiere a que el vino muestra un sabor a fruta más intenso que otros.  Y tampoco eso es de extrañar, ya que cada tipo de uva tiene sus sabores característicos.  Por ejemplo, el sabor de la uva Pinot Noir, es muy diferente al de la Malbec.

ÁCIDO: este es un término muy usado para describir el cosquilleo en boca que deja el vino que tiene cierta acidez.  Cuando decimos que el vino tiene acidez, nos referimos a que tiene bríos, cierto amargor, cosquilleo, vivacidad: en pocas palabras,  a que es refrescante. 

TÁNICO: este es un término que mucho vale la pena conocer y se usa para  describir a un vino tinto con muchos taninos. Los taninos son componentes naturales que se encuentran en la piel, tallos y semillas de la uva, por esta razón, sólo están presentes en los vinos tintos (los vinos blancos se elaboran sin estos). Es lo que da color al vino al estar el jugo de las uvas en contacto con la piel.  El sabor tánico se percibe más como una sensación en boca que un sabor en sí mismo.  Cuando un vino tinto es muy tánico, queremos decir que concentra muchos taninos, que nos hacen sentir la boca seca, áspera, astringente, con mucha sensación de picor y “rasposa”, como el té negro muy cargado.  Cuando un vino es bajo en taninos, nos resulta sedoso. Cuando es medianamente tánico, nos deja una sensación de sequedad, pero es más suave que fuerte.

AMADERADO: hoy en día la mayor parte de los vinos están en barrica por un tiempo; por lo tanto y como consecuencia directa de ello,  muchos vinos pueden tener un sabor a madera.
 La pregunta es ¿por qué nos habría de gustar que un vino sepa a madera?  Y la respuesta, desde mi punto de vista, es, porque la madera complementa y aporta nuevas características al vino.  Trataré de explicarte el término amaderado, comparándolo con algo que pones a marinar: la marinada aporta, olor, sabor, cuerpo, y  a veces, color.  Lo mismo pasa con el vino, la barrica aporta todo eso al vino, sin perder su esencia frutal.  Por ejemplo, la barrica en un vino blanco, aporta color, lo hace verse más oscuro. En cuanto a aroma, hace que este sea más intenso; enriquece el sabor y aporta mucho cuerpo.

Bueno, pues siempre estos temas son una invitación para que experimentes y te lances a vivir la experiencia  de los infinitos sabores que se encierran dentro del vino. Espero  que estos términos te ayuden a ponerle nombre a los sabores que encuentres en tu travesía. ¡Salud!

El contenido y la ortografía de este articulo es responsabilidad del autor.
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