Leopoldo López

LA ÚNICA DISTINCIÓN

Por Leopoldo López
Impresion Publicado el 16 de marzo 2010

“Sólo distinguirá a un americano de otro, el vicio y la virtud”, proclamaba José María Morelos y Pavón en su escrito Sentimientos de la Nación, publicado el 14 de septiembre de 1813, en donde confirmaba la abolición de la esclavitud en México, decretada ya por Don Miguel Hidalgo y Costilla el 6 de diciembre de 1810, en la ciudad de Guadalajara. Y vaya que si nos distinguen entre americanos hoy el vicio y la virtud, tanto que parece que sólo fueran categorías clasificatorias en donde para ambas condiciones hay premios.
En nuestra querida América, seguimos invocando y clamando por la independencia, la paz, la libertad, la igualdad y la justicia como los sedientos en un desierto y entre países pretendemos equipararnos y competir usando estos anhelos como los parámetros idóneos de nuestro proceder, sin embargo, al final pareciera que sólo uno, el baremo del dinero fuera la métrica universal de todas nuestras calidades.
 ¿Sabía usted cuándo quedó abolida la esclavitud en los Estados Unidos de Norteamérica de forma oficial en todo su territorio? En un día como hoy, el 16 de marzo de 1995, es decir apenas hace 15 años, cuando finalmente el Estado de Missisipi se adhirió a la firma de la XIII enmienda. Cuando pienso en los bienes distintivos de nuestro país, aquellos derivados de los ideales consumados por algunos de nuestros próceres en las dos celebraciones de este año (independencia y revolución) pienso en la libertad y la abolición de la esclavitud, pienso en como un sofisticado sistema racial y de castas, es decir el estado social inamovible que una sociedad atribuye a un individuo por su genética, raza o herencia consanguínea se modificó. Pienso en que aquella enorme tabla con la descripción de 19 grupos de personas que nos diferenciaba como mexicanos terminó, pienso en que a diferencia de otros países en el mundo que proclaman de dientes para afuera ser una nación de libertad, en este aspecto, se han dado enormes avances.
Cierto es que aún faltan muchas cosas y actitudes sociales que cambiar, cierto es que nuestra ignorancia e imperfecciones nos llevan a ser reticentes a aceptar con absoluta plenitud y condición de igualdad a todos nuestros semejantes, pero, sin lugar a dudas, aquellas diferencias profundas, aquellas que de forma simple siente uno cuando transita por una nación que no es la suya, ya no existen.
¿Pensar en un regalo para México en el bicentenario de su independencia?, En éste, en conservar contra toda corriente nuestra condición universal de connacionales de un mismo tipo, diversos, sí, pero unidos por una paternidad territorial que nos ha heredado características que nos debieran unir para ser distinguido por nuestras virtudes, no por nuestro color, ni otro tipo de condiciones. En ocasiones pienso en lo que nos sucede y pareciera que nuestros enconos retrógrados, aquellos que hoy nos están matando de nuevo, aquellos que nos ha ido llevando a la mediatización del dinero a lo superfluo o al vicio, tienen el mismo origen y no nos pertenecen. Provienen de intereses distintos a los de nuestra nación, son antinacionales, no nos ha sido heredado de nuestros padres, ni de las generaciones que nos antecedieron. Los de casa, los mexicanos no somos así, piénsalo, pero hay alguien que así nos quiere. Trabajemos por nuestros valores, por la verdadera libertad, por nuestra única distinción.

El contenido y la ortografía de este articulo es responsabilidad del autor.
comparte este artículo:

Mostrar todos los artículos

Si eres nuevo por aquí, te recomendamos suscribirte al canal RSS de Expresión Hispana a través de un lector de Feeds.
También puedes recibir los artículos en tu correo electrónico, ingresando tu e-mail en este sencillo Formulario

Comentarios