Leopoldo López

TU, CAPACIDAD DE EJECUCIÓN

Por Leopoldo López
Impresion Publicado el 06 de abril 2010

Recientemente leí unas frases atribuidas al Presidente de los Estados Unidos Abraham Lincoln, que hacen referencia a nuestros deberes en segunda persona del singular: “Tú. Tú no puedes fortalecer al débil debilitando al fuerte. Tú no puedes fomentar la hermandad entre los hombres estimulando el odio. Tú no puedes afianzar el bienestar gastando más de lo que ganas. Tú no puedes inculcar carácter y valor quitándole al hombre su iniciativa y su independencia. Tú no puedes ayudar a los hombres permanentemente, haciendo por ellos lo que ellos pueden, y deben, hacer por ellos mismos.”

Sólo el desarrollo responsable y libre de nuestras capacidades nos puede conducir a la libertad y a la seguridad  plena, pero este desarrollo no se debe limitar a los individuos, sino también se refiere a las instituciones.

Mientras más reflexiono sobre la naturaleza de los problemas que hoy aquejan a nuestro país, concluyo en que la romántica búsqueda de un equilibrio entre los poderes de la Nación que  pretendió reducir peso a nuestro presidencialismo, acotándolo, en lugar de fortalecer el peso  del legislativo con una mayor capacidad de gestión y del judicial con una mayor capacidad resolutiva y ejecutiva, ha sido uno de los grandes desaciertos a los que nos ha llevado nuestra democracia.

La solución de nuestros problemas sociales, no es reglamentarlos, ahogarnos con leyes cosméticas, sino aplicar el imperio de  las leyes que ya nos norman. México no necesita más leyes, necesitamos mayor capacidad de gestión de parte de nuestros legisladores, si nuestros problemas y necesidades se dan en las bases sociales, nuestros legisladores deben aprender o reaprender a trabajar con ellas, es tiempo de arremangarse la camisa y estar cerca de las bases sociales que los han elegido para construir consensos de paz y solución, constituyéndose como verdaderos interlocutores y representantes sociales entre el pueblo y sus gobernantes, ejerciendo un liderazgo legítimo que coadyuve a la articulación social y a la solución de problemas.

Si seguimos sumidos en un sueño inverosímil y romántico, creyendo que las leyes por si solas operarán milagros, perderemos más el poco y valioso tiempo que tenemos como sociedad para hacer las grandes transformaciones a las que nuestro país históricamente parece haber sido llamado.

La verdadera fortaleza de una nación no es el imperio de su poder represivo, sino el compromiso asumido entre los gobernantes con la visión de país propuesto por sus representantes y el respeto al imperio de la ley, que construyen un gran pacto social. Es tiempo de que nuestra política asuma el compromiso de todos para hacer posible que este Pacto opere y este bicentenario de nuestra independencia rescate el esfuerzo y altura de ideales de quienes han dado su vida por la Paz y la Libertad.

El contenido y la ortografía de este articulo es responsabilidad del autor.
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