A las seis horas de haber nacido, un bebé reconoce a su madre sólo por el olor y si ella lavara uno de sus senos, él elegiría el que no fue sometido al jabón para amamantarse.
Napoleón Bonaparte solía escribirle cartas eróticas a Josefina en las que le pedía que dos semanas antes de que él regresara de alguna contienda, ella evitara la ducha, ya que estaría ansioso de apreciar su verdadero olor. En la novela El perfume: historia de un asesino el escritor alemán Patrick Süskind daba fe de la fascinación-obsesión que sentía Jean-Baptiste Grenouille al apropiarse del olor de ciertas mujeres dándoles la muerte.
¿Qué importancia tienen los olores en la vida de los seres humanos?, ¿por qué cuando percibimos el aroma a tierra mojada inmediatamente recordamos aquellas tardes de la infancia en las que salíamos a jugar después de una fuerte lluvia? o ¿por qué reaccionamos con alegría o tristeza cuando un aroma nos hace rememorar pasajes antiguos de nuestras vidas?
“Un olor puede ser abrumadoramente nostálgico porque desencadena poderosas imágenes y sensaciones antes de que tengamos tiempo de precisarlas. Lo que vemos u oímos puede desvanecerse muy pronto en el desván de la memoria a corto plazo, mientras que con los olores todo es a largo plazo. Pueden ser nuestros amigos más queridos y aunque no podemos definir sus nombres, tenemos la posibilidad de describir cómo nos han hecho sentir”, precisó la investigadora Diane Ackerman en su libro Una historia natural de los sentidos.
Según lo explicado por Socorro Rocha, terapeuta especializada en aromaterapia, el cerebro puede registrar cerca de 10 mil olores de las 30 mil sustancias que oscilan en el medio ambiente. Esos aromas quedan registrados en la corteza cerebral y cada vez que un olor significativo hace acto de presencia, el ser humano inmediatamente lo relaciona con alguna experiencia previa, sea ésta alegre, emotiva, triste, de miedo, angustia, plenitud o dolor.
La especialista en terapias alternativas comentó que el olfato tiene funciones muy específicas que se centran en la protección, la percepción del sabor, el diagnóstico y el comportamiento social.
“La primera se da cuando el olfato nos informa si lo que olemos es benéfico o nocivo para el cuerpo. Cuando vamos a comer, tendemos a oler los alimentos para ver si los podemos ingerir sin preocupación. En cuanto a la percepción del sabor, la gente cree que saboreamos sólo con el gusto, pero es través del olfato con el que obtenemos los matices y éste provoca que se segreguen los jugos gástricos”, expresó la terapeuta.
“El olfato también sirve para diagnosticar enfermedades. En la medicina tradicional china hay especialistas que por medio del olfato pueden determinar los padecimientos que alguien puede sufrir. Por ejemplo, la gente que huele muy dulce puede tener diabetes y si se percibe un olor a quemado, el paciente puede tener problemas del corazón”, explicó la titular de la Escuela de Masajes y Terapias Alternativas (EMTA).
En cuanto a la relación del olfato con la cuestión del comportamiento social, Socorro Rocha contó que todos los seres humanos emanamos olores constantemente y eso influye a que la gente genere o no empatía con la persona que los exhala.
El sicoanalista Gerardo González aseveró que el olfato tiene un valor importante tanto en el rubro sicológico como orgánico, ya que por medio de los olores se estimulan ciertas zonas del cerebro que nos remiten a esa parte animal o instintiva en la que el tema de la sexualidad se hace presente.
“A través del olfato se despierta la sexualidad y el erotismo. Este sentido está relacionado con la recepción de las feromonas, que son esas sustancias químicas que desatan conductas relacionadas con la sexualidad. Estos impulsos mezclados con el elemento del amor nos liga al otro como pareja sexual y emotiva. Aunque el olfato no es el único factor en juego, sí influye en el enamoramiento”, dijo.




